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Jesús Montoya, 19 years old. Student of hispano-american and venezuelan literature (Universidad de los Andes, Venezuela)

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Merve Morkoç

notes 92

#Art #Merve Morkoç





Esta hermosa ilustración de Jesús Devia, será la imagen de la portada de PIEDRA CON LAS VITRINAS, una pequeña antología que reunirá a 19 poetas emergentes venezolanos y que se publicará en los próximos meses bajo el sello de Los poetas del cinco editora, proyecto del cual está a cargo Gladys Mendía. El nombre del libro se lo debemos a este maravilloso texto del poeta tachirense Antonio Mora, llamado “Letanía para mechudos”Por los que le conjugan a uno los verbos en la cara-¡Piedra con las vitrinas!-Por los que dejan hablar pero no escuchan-¡Piedra con las vitrinas!-Por los mendigos que mueren en los portales-¡Piedra con las vitrinas!-Por los dictadores que mueren de muerte natural-¡Piedra con las vitrinas!-Por los que usan corbata-¡Piedra con las vitrinas!Por cada árbol cortado sin motivo-¡Piedra con las vitrinas!-Por los motivos para cortar un árbol-¡Piedra con las vitrinas!-Por los obreros destripados en la noria-¡Piedra con las vitrinas!-Por los obreros destripados en la vida-¡Piedra con las vitrinas!-Por los enemigos de las causas perdidas-¡Piedra con las vitrinas!-Por los que no cantan-¡Piedra con las vitrinas!-Por los que cantan de un modo pero no de otro-¡Piedra con las vitrinas!-Por los que son obligados a cantar-¡Piedra con las vitrinas!-Por los hombres enjaulados-¡Piedra con las vitrinas!-Por los animales enzoologicados-¡Piedra con las vitrinas!-Por las mujeres que los muestran y no lo dan-¡Piedra con las vitrinas!-Por los cazadores y pescadores deportivos-¡Piedra con las vitrinas!-Por la amargura de esperar el colectivo bajo la lluvia-¡Piedra con las vitrinas!-Por los puchos de cigarros pisados justo con el hueco del zapato-¡Piedra con las vitrinas!-Por los que se pudren en oficinas-¡Piedra con las vitrinas!-Por los que pudren las oficinas-¡Piedra con las vitrinas!-Por los que si das una moneda al pobre le resuelves el problemapor un día pero si lo enseñas a robar se lo resuelves para toda la vida-¡Piedra con las vitrinas!-Por las feas a las que nadie quiere-¡Piedra con las vitrinas!-Por los que no creen que las feas quieren-¡Piedra con las vitrinas!-¡Coño! Por los que creen que hay feas-¡Piedra con las vitrinas!-Por la tristeza de los niños-¡Piedra con las vitrinas!-Por los triños de las ñistrezas-¡Piedra con las vitrinas!-Por los que pisotean las flores, las ideas y lo que les vienen en gana-¡Piedra con las vitrinas!-Por los abortos provocados por el hambre-¡Piedra con las vitrinas!-Por las que santiguan antes de hacer el amor-¡Piedra con las vitrinas!-Por los muy atentos y seguro servidores-¡Piedra con las vitrinas!-Por los hijos de puta que llaman a los hijos de putas hijos de putas-¡Piedra con esos hijos de puta!-¡Ssshhh!-¡Piedra con las vitrinas!-Por los contrabandistas encarcelados-¡Piedra con las vitrinas!-Por tantas cosas que se piensan, se dicen y no se hacen-¡Piedra con las vitrinas!-Por los que-¡Piedra con las vitrinas!-Por-¡Piedra con las vitrinas!-¡Basta!-¡Piedra con las vitrinas!Aviso en una vitrina:SE VENDEN PIEDRAS.

Esta hermosa ilustración de Jesús Devia, será la imagen de la portada de PIEDRA CON LAS VITRINAS, una pequeña antología que reunirá a 19 poetas emergentes venezolanos y que se publicará en los próximos meses bajo el sello de Los poetas del cinco editora, proyecto del cual está a cargo Gladys Mendía. El nombre del libro se lo debemos a este maravilloso texto del poeta tachirense Antonio Mora, llamado “Letanía para mechudos”

Por los que le conjugan a uno los verbos en la cara
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por los que dejan hablar pero no escuchan
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por los mendigos que mueren en los portales
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por los dictadores que mueren de muerte natural
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por los que usan corbata
-¡Piedra con las vitrinas!
Por cada árbol cortado sin motivo
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por los motivos para cortar un árbol
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por los obreros destripados en la noria
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por los obreros destripados en la vida
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por los enemigos de las causas perdidas
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por los que no cantan
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por los que cantan de un modo pero no de otro
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por los que son obligados a cantar
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por los hombres enjaulados
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por los animales enzoologicados
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por las mujeres que los muestran y no lo dan
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por los cazadores y pescadores deportivos
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por la amargura de esperar el colectivo bajo la lluvia
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por los puchos de cigarros pisados justo con el hueco del zapato
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por los que se pudren en oficinas
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por los que pudren las oficinas
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por los que si das una moneda al pobre le resuelves el problema
por un día pero si lo enseñas a robar se lo resuelves para toda la vida
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por las feas a las que nadie quiere
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por los que no creen que las feas quieren
-¡Piedra con las vitrinas!-
¡Coño! Por los que creen que hay feas
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por la tristeza de los niños
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por los triños de las ñistrezas
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por los que pisotean las flores, las ideas y lo que les vienen en gana
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por los abortos provocados por el hambre
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por las que santiguan antes de hacer el amor
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por los muy atentos y seguro servidores
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por los hijos de puta que llaman a los hijos de putas hijos de putas
-¡Piedra con esos hijos de puta!-
¡Ssshhh!
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por los contrabandistas encarcelados
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por tantas cosas que se piensan, se dicen y no se hacen
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por los que
-¡Piedra con las vitrinas!-
Por
-¡Piedra con las vitrinas!-
¡Basta!
-¡Piedra con las vitrinas!

Aviso en una vitrina:

SE VENDEN PIEDRAS.

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#Antonio Mora #poesía #poesía venezolana #PIEDRA CON LAS VITRINAS #Jesús Montoya #Jesús Devia #poema #Gladys Mendía #Los poetas del cinco editora #Yorgenis Ramírez #Daniel Arella #Francisco Catalano #José Delpino #Susan Urich #Daniela Nazareth #Cristina Gutiérrez Leal #Maily Sequera #Oriette D'Angelo Cannizzaro #Josué Calderón





Carla Barth

Carla Barth

notes 23

#art #Carla Barth #Illustration





My experience navigating multiraciality in Korea, and then the United States serves as the catalyst for my current drawing project. I photograph and interview multiracial women to gather source material and to elicit an interpersonal connection during the process. The exchange of emotions and ideas between the model and myself shapes the outcome of each photo shoot, producing unpredictable and idiosyncratic results. I then comb through hundreds of digital photographs, searching for one that captures more than a portrait. I am searching for an interior and private space; an in-between moment arrested by chance that captures the figure between expression and release. That image becomes the kernel of a drawing and with graphite, charcoal or ink I amplify and enhance its distinctive quality, revealing an affective identity woven from my own emotions and that of the model. Through this work I am exposing the plurality of emotions that sculpt human subjectivity. The drawings of these women are portals into the human psyche, a place where emotions call out and perceived racial boundaries dissolve.

Credits
Photos by Dan Kvitka 
This project was funded in part by a grant from the Oregon Arts Commission and The Ford Family Foundation

Indivisible Samantha Wall

notes 91

#Art #Illustration #Samantha Wall





Preguntas ¿?

notes 2



Faces

Philip Wakeham

notes 826

#art #sculpture #Philip Wakeham #Faces





Rokkihurtta

Rokkihurtta

notes 77

#art #Illustration #Rokkihurtta





David Delruelle

David Delruelle

notes 273

#art #collage #David Delruelle





Marie-Esther (aka Gaia)

notes 104

#art #Marie-Esther #Illustration





MUY JÓVENES Y MUY LÚCID@S: nuevas escrituras [latino][hispano][americanas] - Daniela Camacho

Así comienza: poéticas en pleno funcionamiento, escrituras del desacato, pequeñas actas de nacimiento. De dos en dos, porque sí. En desorden, porque no se puede ordenar algo tan vivo. Aquí hay artefactos, cuerpos lingüísticos, universos múltiples. Aquí, las tradiciones inexistentes, futuras, la poesía como defensa del porvenir. 

Daniela Camacho

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RUTH LLANA (Asturias, España, 1990)

La premura de Anselmo

Tan pequeños y desacertados, los trazos, en la mano, para el cruce de las vías donde se corte el aire. Tu premura Anselmo, tu premura escondida en la necesidad de la ceguera, quizás en ese revuelo, en el tuyo Anselmo. El cielo se cae de entre las manos, y descubres el poder de la rasgadura, de cualquiera de sus sinónimos. Estar cerca no es el espacio Anselmo, si te quedas en el centro lo entiendas, por el extremo que nos lleva y quién sabe si procurada también la premura que te tambalee. Anselmo tu premura y mi premura juntas crean el cielo, pero nuestro espacio crea solo nuestro espacio y nada ya te asegura la virtud. En tus manos la tela de los vestidos golpeados contra la piedra, olvidas Anselmo las rodillas de tu abuela hendidas junto a la tierra oyendo ciega el río con fuerza Anselmo regresas, las manos con fuerza golpean tu cuerpo contra las rocas para secar tus vestidos. Anselmo, tu necesidad y mi necesidad juntas no pueden crear el lenguaje. Con premura regresas a tu madre y olvidas los elementos, y qué está cerca y qué está lejos, para ti puede ser algo más que un absurdo paralelismo con la rasgadura. Por eso una piel que ves está dañada, por la premura del azogue, en el relato del tiempo y quién te diga “Anselmo, no te apresures”.

 Deseo de ser arquero

Nace para ser caballo ilota y relámpago y cartón y olor y tiembla tierra tiembla. Nacer para ser soplo de vida aliento, crin al galope vienen los cerros hacia mí – hacia ellos nos desplazamos nosotros, violentamente luces, esclavos. Golpe percutido (de los ojos negros sin sombra).

Respira la pausa por todo destino lo que se va, consuelo buscado en los golpes de las pezuñas contra el polvo, mantiene su memoria en las rodillas de los elefantes.

Río que transcurre, la mano del oso descubre en el interior del agua (reflejo en los ojos negros del deseo de ser crin y galope, espíritu, garra, nutria)

Golpe del suelo en los cascotes, golpe del suelo en los pies alargados hacia las estrellas (hacia los muertos).

Voy hacia los muertos, hacia los grandes cañones del desierto. Las plantas señalan el hogar del nacimiento. Para ser, momento antes, miedo hormigón tiembla.

Deseo, dirección, deseo; hacia donde voy los muertos como nutrias disparan sus arcos, y tiembla como retrocedo, voy con los muertos con la piel misma de los pies quemada, una superficie tras otra, tras otra la misma, el mismo miedo, peso que  se pronuncia de correr descalzo hacia mí corren los lugares descalzos, hacia mí los muertos descalzos  yo hacia los muertos  descalzo.

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JESÚS MONTOYA (Mérida, Venezuela, 1993)

1.

Mi conciencia es vieja
áspera y maldita.
Me están matando las veces que perdoné entre las flores.
Perdoné,
perdoné y nada más quedó el silencio.

2.

Fumo sin parar desde la mañana,
si paro me abrazarán las rosas.

Giorgos Seferis

Amo la pérdida. Amo mi absoluta desaparición. Mis ojos despegando con el viento, enredados, enraizados con la luz de la tarde. Camino sobre la lluvia escribiendo el poema. Escribo el poema en mi alma y la lluvia lo aplasta. Fumo y escribo el poema inagotable. Lo escribo desde mi rostro, este rostro sin movimiento que nadie ve, este rostro de colores abandonados, colores, que ningún labio toca, que ningún labio arranca, este rostro que es ojera y risa, grito y muerte, azul y sangre. Mis besos son canciones. Diré que no sirvo para nada. Diré la verdad. Diré que soy niebla entre la niebla, y yo amo mi insondable desaparición. Tengo vacíos los cuadernos y la casa y mi esperanza también está vacía, esperanza viento, esperanza humo. Rezo porque olvido. Fumo y escribo el poema, lo conozco. He conocido el poema como una plegaria. Lo he conocido desde el charco, desde el hielo enamorado de mis manos. Amo como nadie y a nadie amo. Amo la pérdida. Amo desde el aire y desde él escribo el poema. He escrito el poema y lo he perdido. He escrito el poema y lo he matado. He escrito orilla y mano, quebranto y olvido. Me sé de memoria esta infinita pérdida.

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GERARDO ARANA (Querétaro, México, 1987-2012)

Met Zodiaco 
(Fragmento)

Acción:

Rugido láser. Programación desconocida. Máquina decidida a no detenerse. Feroz y exacta. Como tren rápido al fin de la noche. Walter se vuela la cabeza. El vagón sigue su curso. Dos horas después encuentran el cadáver. Reproducción. Masas. Mercado. La ley de Pareto. Sólo el veinte por ciento de adjetivos. Esa es la historia. Suave patria. México veneno.

          Las hojas negras se fueron recopilando en la plataforma de salida. Hoja negra sobre hoja negra.

          Una vez más frente a la fotocopiadora. Vuelve a iniciar la novela. Escritor detective desvelado. Ganas de toser sangre. En su garganta no hay sangre. Sólo magma rosa y dientes.

          Sostengo las hojas entre las manos. Sostengo las hojas negras.

         ¿Qué son ciento cincuenta hojas negras?

          Una constitución.

          Una constitución para ratones ciegos. Una constitución que sólo puede leer la gente que ve en la obscuridad. Una constitución para nictálopes.

Aquí es mi primera novela. Mi país, mi clima, mi mundo privado. Las hojas negras mi constitución. Yo sé. Aún no ocurre nada. Espere. Tenga paciencia.

          Que quede claro:

          Entro al cuarto de fotocopiado. La fotocopiadora imprime hojas negras. Hoja negra sobre hoja negra. Es terrible. Causa magma y baba. Hack ha muerto. Yo no me siento bien. Me acerco a la copiadora. Es la constitución del hacker ratón. Vacío y auge. Auge e historia. Instante crucial en la tierra.

          Operaciones mentales:

          Cuando los personajes son ideas y la estructura de la narración está inspirada en la personalidad de un delincuente, todo indica desastre.

          Se enciende la copiadora. Hacemos click en el simulador de pesadillas. Road trip esquizofrénico. Pesadilla relatada: Hack desaparecido. No hay desafío motriz. No hay que cruzar el pantano. Ho hay que dispararle a nadie. Sólo hay que esperar.

          Pura psicología, pura mala onda. Puro lenguaje. Joyce se estrella en una motocicleta. Joyce División. América caníbal, arena movediza. Se me va la novela. Ian Curtis convulsiona frente a su chica.

          Me desvío, la novela se desvía. Entre sonido y sentido. Entre las aventuras y los apocalipsis; entre la formación sentimental y la madurez sangrienta, entre la sobrevivencia y la profecía, entre el homenaje y la destrucción.

          Hack está muerto y si no está muerto huye de casa para destruirse. No lo voy a volver a ver. Hack atraviesa américa deteniéndose a fumar un cigarrillo en cada hotel de paso.

          Hack no aparece todo es mi responsabilidad. Acción y conciencia. Vida narratoética. Narrar y vivir. Ser rápido y listo. Escapar, no perseguir. Esperar.
62570 muertos y no hacer nada.

          Escribir novelas en casa. Novelas para sobrevivir a la noche. Se tiende un mapa. Hay una ecuación en la ventana. El escritor desvelado descubre un misterio. Se ha estado metiendo coca y ha estado jugando Grand Theft Auto. Roba un auto y lo conduce en sentido contrario. El acelerador es gatillo. La aventura se invierte. ¿Cuál de los 70000 crímenes voy a resolver primero?

          Yo fui asesino en la guerra de los medicamentos.

Poema publicado en Periódico de poesía

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LAYLA MARTÍNEZ (Madrid, España, 1987)

1.

Los niños deformes son dignos de amor. A pesar de sus boquitas ansiosas y sus lenguas ansiosas y sus glándulas ansiosas. Amadles como amáis a los soriásicos de rostros lácteos y a los supurantes de encías azules. Amadles a pesar de sus deditos sórdidos y sus manos rechonchas. Amadles como amáis a los amputados múltiples de pollas y a los retrasados que habitan el reino blanco. Amadles a pesar de sus eccemas húmedos y sus clavículas obesamente mórbidas. Amadles y después dadles de comer las sobras de vuestros platos y decorad sus jaulas.

Viento del norte

Cada vez que el viento del norte congelaba el agua de los pozos, la muchacha de labios morados acudía al bosque y daba a luz a un niño. Un niño diminuto como las crías de la comadreja o como las larvas que los santos colocan en los oídos de los hombres. La maleza recogía al niño y lo alimentaba con la leche blanquecina que manaba del interior de las plantas y con las alas transparentes de los insectos. Pero la leche que manaba de las plantas y las alas de los insectos eran amargas. Por eso los niños crecían con los huesos frágiles y los cabellos quebradizos. Por eso conocían la pureza, que es amarga como el sudor de los hermanos que duermen en el mismo lecho,

como el llanto de los adolescentes que mueren pisoteados por los ciervos

como las oraciones de los que rezan arrodillados delante del espejo mientras los ángeles flotan en la cocina

como los lamentos de las novicias cuando el mecánico ajusta sus paladares postizos o aprieta las correas de sus camisas de fuerza

como las súplicas de los mancos en estado de hipnosis cuyos dedos fueron devorados por las cenizas

como los cantos de los cordeleros de manos temblorosas que fabrican las sogas de los condenados.

Con el paso de los inviernos, los niños crecían acunados por la maleza. Nunca abandonaban el bosque, pues la maleza es engañosa como el calor de los invernaderos y celosa como los novios ciegos que abrillantan sus botines cuando cae la noche. Solo uno de ellos se atrevió a salir del bosque, pero el que conoce la pureza no puede pronunciar en voz alta los nombres de los árboles ni conoce las señales de la pestilencia. Al cabo de unos instantes, se encontró rodeado por un enjambre de moscas, a causa del cual perdió la razón durante tres años.

“Viento del norte” forma parte del proyecto tus ramas/mis huesos de la fotógrafa Dara Scully

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YAXKIN MELCHY (Distrito Federal, México, 1985)

LAS BOTAS DEL SOL

Me grita mi padre o no sé si están ladrando todos los perros del barrio Los rabiosos y sucios Me grita mi padre Esta vez destrozado por el alcohol El dios Júpiter roto como un cerillo destrozado Júpiter es también un concierto de Holst Y viene mi padre con el cadáver de mi perro entre las manos Le saca las venas y las pone en el florero Suena un tambor que se parece a la Luna y el agua de las flores comienza a hacer burbujas y mi padre se larga con las botas ensangrentadas Yo sé que va a cazar ballenas en el lavabo Me grita mi padre derramando los gritos de su garganta alcohólica Me grita mi padre y me alumbran sus vómitos Mi corteza está en el suelo Yo intento limpiarme las manos pero me ensucio Mi padre ha vomitado y me grita ante los rayos del amanecer El amanecer me avergüenza Mi corteza era oscura y prendida en su centro como la Tierra hace mil quinientos millones de años Más que los años en mi rostro me grita mi padre Más que el Sol escribieron sus manos alcohólicas por todo el mundo sobre las pirámides y los ríos y la agricultura y en el ganado sumerio Escribieron sus manos alcohólicas en los techos de estera y en las barcas del norte y en la religión de palo Escribieron sus dedos en los arrozales en la roca naranja en el techo de los mundos concéntricos Escribieron sus manos llenas de vómito en los silos y en las canciones oceánicas En la crucifixión del dios del vino En la jaula del diablo y en las cabezas de piedra como fichas en las llanuras Escribieron las manos de mi padre más que el Sol agarrando los corazones y trazando los doce equinoccios de la primavera Escribieron sus manos el cero orgánico y la combustión molecular Escribieron sus manos los rieles de la máquina de vapor y el cronograma de los dividendos del número pi Escribieron las manos inmundas de mi padre los cerezos y los jardines del emperador Los laberintos de las mitologías Los demonios devorados por otros demonios devorados por otros demonios devorados por otros demonios Y todos fueron naciendo cuando mi padre los iba abriendo de la barriga como a los perros muertos Mi solastro padre vino a golpearme Mi solastro padre escribió la magia y el oro de los viajes robados a la juventud Agarró los cuchillos de la cocina y abrió los ojos de los recién paridos por los lotos Descubrió la danza mientras tropezaba por la alacena y todos bailaron la noche de las estrellas fugaces

Escribieron sus manos alcohólicas el parto de los reyes y el comercio de las especias Los orificios de los mundos subterráneos y las plantas eólicas de la suspensión celestial Escribió los damascos rodando sobre los tableros de las familias Escribieron sus dedos temblorosos las apariciones de múltiples platillos voladores mientras tipeaba por el pasado el presente y el futuro a los seres extraterrestres

Escribió mi padre sus descubrimientos sobre la materia y la reformulación de las partículas No supo en dónde detenerse y sus golpes sucedieron entre ayer y pasado mañana La pasión se postró en el frío Enrojecieron sus rodillas y escribió mi padre una edad plateada sobre los campos Mi padre borracho escribió el desarrollo y la idea de las abejas como metáfora del tiempo Ondas Ondas en los descubrimientos que deja para nuestra edad quieta en la galaxia Mi padre fumaba con sus manos atómicas y sus vocales germinantes

Escribió mi padre las rebeliones mientras me molía a golpes y yo aullaba mestizaje Escribió mi padre la ciudad de la baja marea y la ciudad del ocultamente Escribió mi padre la idea de un planeta colisionando y al mismo tiempo ocultaba los cadáveres en el refrigerador Escribió la parábola de los espejos y aunque no tenían sentido sus palabras repetía el nombre de los héroes por el tiempo que duran sus nombres Caminaba tropezando y mi padre borracho derramaba los vasos sobre las estrellas Escribieron sus manos ásperas Se calzó los zapatos Se fue mi padre de este mundo como un ángel

(De Los poemas que vi por un telescopio)

***

Los niños dejan alas de insecto perdiéndose entre el aire Pero no son alas de insecto ni son preguntas ni son sueños son niños que dejan a otros niños perdiéndose en el aire.

a dónde va el aire sino adentro a dónde ir sino afuera con cuánta facilidad con cuánta felicidad resolverse en dibujos cantar embrujado abrir las puertas rugientes y entrar y salir respirando a su oro

desde entonces nada ha sido mejor Niño ha estado recostado en los cuarzos en un desierto de cuarzos en un planeta de cuarzos en un universo crisol

eran épocas remotas de secreción de miedo embadurnados íbamos del miedo estériles de sueños humeantes de miedo resecos de valor y empapados sí empapados amándonos

y tu vida era hermosa y tu escritorio era de plata y tus ojos iban indicando a tus dedos o tus dedos indicaban a tus ojos dónde estaría el Mar del valor

Auquénidos Marítimas totoras Aqueos que iban pasando por los faros abandonados por las esclusas abandonadas por los muelles abandonados Saqueando y corriendo brincando o buscando soles verdes Insectos plantas animales pieles y banderas sobretodo banderas con que confeccionar vestidos y luego levantando sus faldas moches se venían navegando cual zetáceos entre los atardeceres de yodo hacia la polinesia

(De El Cinturón de Kuiper)

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VALERIA MEILLER (Azul, Buenos Aires, Argentina, 1985)

Aguada

Durante una inundación, los más fuertes
se reúnen arriba de un árbol.
Con el agua en todas partes, la familia en el techo.
Hacer un barco de la pata de la cama. Una vela de sábana.
La primera solución es trepar. Trasparentes,
padres, abuelos y embarazos.
Los niños en el techo chupando
su ración de hueso preguntan
¿Dónde estará el sol? Y fosforecen.

Otros florecen además. Niños trasparentes nacen bajo la lluvia.
La partera a nado
asiste a las madres sin dar abasto. Un perro la sigue.
Los más chicos sacan la lengua y beben la lluvia.
Muchas gotas es varón, entonces eligen un nombre.

*
Algunos rezan de rodillas sobre una chapa roja. Último bebe.
Bebe de rodillas en el borde del techo, toda
la cara en el agua, la nuca al cielo.
Con la panza hinchada y el agua en la chimenea casi, el agua
en todas partes…

*
Pongo las manos en el agua por vos y se tira
de cabeza al campo para buscar
más recipientes donde poner el agua, las últimas
cinco cacerolas de barro, tres
grandes recipientes de lata.
Dos lecheras, un balde que no arrastró
en los estantes de la despensa la corriente.

Y se mueve por la casa como si no
nadara, con tanta soltura…

*
Después de una semana de lluvia, una cabeza
es cuajo amarillo. Veinte cabezas, una mina de azufre.
Tristeza de leche agria hace llorar
ni tragarse un hueso va a salvar el brillo.

(De Recreo)

Conejos

2

Fue el verano de los cartuchos suaves, agazapados para el tiro al salto, vestidos del color de la maleza. Era un año en que todos los conejos del coto caerían enfermos y eso la había impresionado tanto que en oportunidades todavía soñaba con largas hileras de animales muertos y se despertaba para tocarse los brazos y saber que no llevaba una escopeta. Habían elegido las armas y determinado la cantidad de balas cuando recibieron la noticia. Él había llegado en mitad de la mañana con la cara partida de sorpresa para decirle, las vacunas no habían funcionado. El destino era un misterio ingobernable: la muerte benévola y mansa cediendo ante la muerte benévola y mansa. Cuando su abuela todavía vivía y en la víspera de la navidad visitaban a las hermanas, la visita era la rutina de los años antepuesta a la rutina del té. El monasterio sólo existía en el filo silencioso de la siesta y el ladrido de los perros cortaba el aire. El misterio que coronaba las catedrales era el silencio, todas las familias lo habían aprendido al asomarse al círculo del oro y los que rodaban, en el centro del anillo, eran los hijos.

(De Tilos)

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LUNA MIGUEL (Madrid, España, 1990)

***

El útero de mi tía tiene forma de soga. Las sogas, como las pulseras plásticas de las niñas que venden en los chinos, tienen formas de animales perfectos. El útero de mi tía Lourdes es un animal perfecto: huele a estiércol y a hierba mojada y a veces se lo comen las moscas. A mi tía le han quitado un trozo de útero y no se va a morir pero le duele. No se va a morir pero le asusta. A mi tía le han quitado el útero y yo, que soy una mala sobrina, no he ido a visitarla. Los hospitales me dan miedo. Tanto que a veces prefiero no ir a ver a mis seres queridos, opto por decir hola, tía, estoy ocupada, opto por mentir, hola, tía, estoy ausente. La primera vez que me quedé a dormir en un hospital, fue para cuidar a mi abuela después de su duodécima operación. La primera vez que me quedé a dormir en un hospital mi abuela se cagó encima. La habitación comenzó a apestar. Llamé a las enfermeras para que limpiaran pero no venía nadie. Abracé a mi abuela, que lloraba de vergüenza. Pero su peste solo me provocó amor. Su mierda era mi amor por ella. Mi cara relajada, mi ceño sin fruncir, era su amor por mí. El fin del mundo tiene que ser algo parecido a esto, pensé: estar al lado de alguien a quien amas cuando todo lo que te rodea apesta a final infeliz.
El fin del mundo debería ser así.

Dos personas abrazadas en mitad del desconcierto.

Tranquilas pero tristes.
Con lágrimas pero soportando.

(De La tumba del marinero, La Bella Varsovia)

Despertar en la rambla del Raval

No sé si sabes que por las mañanas el portal de nuestra casa huele a carne, que en la acera el pollo se amontona en cajas de plástico junto al contenedor de vidrio, y que las vacas y los corderos esperan tendidos en el suelo, mientras alguna gaviota picotea las cuencas de sus ojos aparentemente muertos. ―Te lo cuento porque ya no me da asco.Ya no temo ese lugar en donde las moscaspequeñasbailan en espiralchocándoselas unas contra las otrasen celebración de la leche vertidalas moscas van hacia el deshechohacia el excrementopero también danzan en la carneanidan en ellase quedan, para siempre,en el hueco coagulado de su sangre. No sé si sabes que los gatos eran bestias cazadoras, que los perros se creen iguales al hombre pero más desgraciados. No sé si sabes que los hombres desprecian lo viviente atreviéndose a adorar iconos invisibles. La cuestión… la cuestión… la cuestión no es Qué hago aquísinoQué hago Ahora que me han traído a este lugar. Hay hilos que se arrastran por la acera. ―Te lo cuento porque es irremediable. 
(Del libro inédito Los estómagos)

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DAVID MEZA (Estado de México, México, 1990)

Testamento Terráqueo del Niño[fragmento]

Por aquel tiempo exclamó Jesús, diciendo: Yo te glorifico, Padre mío, Señor de cielo y tierra, porque has tenido encubiertas estas cosas, a los sabios y prudentes del siglo y las has revelado a los pequeñuelos.
La Biblia

No, no me sueltes. Mis huesos están hechos de zafiro. No, no me sueltes. Mis huesos no están hechos de zafiro. He aquí mis ojos. He aquí mis manos. He aquí mis dedos con las uñas de plata. Hay un momento en que la gota deja de ser gota y se vuelve océano. Hay un momento en que la planta deja de ser planta y se vuelve selva. De ese modo, de ese modo. Deja de tirar mi sangre. Las hormigas la beben con desprecio. Mis huesos pesan porque están azules. Los años han desfilado ante mí como unos soldados de plomo que van a la hoguera. Somos una sola cosa todavía. No, no me sueltes. En la oscuridad del sueño las perlas se vuelven lágrimas. En la oscuridad del sueño el brillo de las amatistas se vuelve una lámpara con la que podemos ver a los mutantes dormidos todavía. Menos, menos ruido. No hay que despertarlos. En esa gota de sangre yace mi historia. Está a punto de caer al suelo. Escucha, escucha. He ahí el terremoto miniatura, la sacudida terrestre y sagrada, acaso percibida por los grillos aferrados a los filamentos de una hoja. Pero no, procura no soltarme. Lento, lento. El descenso debe ser muy lento. Casi tan lento como la caída de un sueño. Un sueño en el que alguien dice un poema, tú te levantas a escribir ese poema, pero el poema se ha ido. En su lugar a quedado un puñadito de briznas en la cama. Mis huesos están hechos de zafiro. Son azules y ligeros. Tengo trece años. No tengo trece años. La vida es bella como la planta que desenrolla su hoja a la hora adecuada. Fracaso, fracaso. Esa es la palabra a la que tanto temen, pero la palabra no es un ratoncillo. La palabra Fracaso es una ardilla con las garras de las patas pintadas de verde. Hoy es martes, mañana jueves, ayer mañana. No, procura no soltarme. La cuerda está muy tensa, siento sus tendones como una red que carga a un niño que tiene los huesos de zafiro. Decía, hay un momento en que el grano de arena deja de ser arena y se vuelve desierto. Decía, hay un momento en que el minuto deja de ser minuto y se vuelve una hora. Decía, no decía. La vida pasa ante mí con una sonrisa de ángel en cueva. Ha de saberse que todo mutante primero fue un ángel. Las alas se las cortaron con navajas de jade. Hay un cementerio para esas alas. Todavía se agitan las muy locas, pese a todo el peso de la tierra, todavía se agitan las muy locas. Ahora, ahora. Es buen momento. Corta la cuerda, sí, sí. Corta la cuerda. […]

(De Marta)

Luis (o El principio de la singularidad) [fragmento]

A modo de prólogo.

Palabras, todas las palabras se me han caído a un cántaro. Pienso en el mundo. Y el mundo piensa en mí. Y luego se mira en mis ojos y le dan unas ganas hermosas de cortarse. Estoy frente a una torre, desde la que un hombre me lanza microhistorias en forma de historietas escritas con la sangre de una aurora. El mundo piensa en mí y observa cómo tiro un cántaro al suelo. En ese cántaro, piensa, yacía el divino plexo de la gramática. Me mira. Me abre el pecho con sus manos estrelladas, y llora. Yo corro y me oculto en el hueco de un árbol. El mundo piensa en mí y en esas otras células de cáncer que le besan la vida. El hombre de la torre baja y me dice cosas de la ficción que yo no entiendo. Me voy a recoger flores al interior de Gaby, porque es el único lugar donde realmente puedo pensar en el mundo. Me lanzo al interior de la historieta y veo cómo Whitman se deshace en mariposas. Me lanzo al mundo, y a mí me dan las ganas de cortarme.

A modo de poema.

A)

Tengo una perra que se llama Ganja. Con ella Galopo en los montes de la luna. Sé que la poesía es un juego. Ella y mi perra tienen el hocico manchado de polvo. Cuando las personas mueren, de su cuerpo putrefacto y pintado de verde, surge un pajarito con las patas negras y el cuerpo blanco. Su nombre es Tiempo. Está hecho sueño y arcilla. Es hermoso. Algunos lo llaman incendiando los puntos en las hojas. Otros lo hacen golpeando su guitarra con las piedras de un río. Yo lo llamo gritando mi nombre a la mitad de la calle, mientras sostengo un puñado de agujas en la mano derecha. Mi nombre es Luis. Tengo 13 años. Vivo en una vieja libreta de la secundaria. Colecciono arañas, mosquitos, dioses, mariposas, insectos y una que otra palabra esdrújula. Mi familia quedó atrapada en un libro de botánica durante la guerra de los Ángeles. Por las tardes hablo con Whitman o juego a las canicas con Buda. Por las noches giro el reloj hacia el otro lado hasta que doy origen al uni-verso. Por las mañanas salgo a volar en patineta y le jalo los cabellos a la luna. En el Mediodía (porque el Mediodía es un lugar y no un momento) beso a Gaby hasta que envejecemos y tenemos que buscar nuevos cuerpos entre los increíbles bosques solares. Los lunes lavo mi ropa con Miguel Hidalgo y Batman en los mares alrededor de la prepa. Los martes me acuesto boca abajo y río de lo que me dicen los insectos. Los miércoles leo libritos de vaqueros mientras viajo en un cometa por el espacio. Lo jueves juego futbol contra los héroes de la independencia a las orillas de un volcán de orquídeas negras. Los viernes multiplico las dimensiones del espacio o quito las letras del abecedario según mi antojo. Los sábados siembro girasoles en los bellos jardines de Nueva Mesopotamia. Los domingos reconstruyo el uni-verso en la frente de Cristo. Los darcos bailo con mi novia sobre la mesa roja en la cocina. Los diermas grafiteo las recién levantadas pirámides celestes. Los muércamas le invento nuevos días al calendario, porque la poesía no está contemplada en ningún día laboral. Los quiértaluz compongo canciones para las actrices porno de mi generación, porque sus palabras son tan hermosas como la de los poetas, o las caricaturas, o los científicos cuando demostraron por medio de ecuaciones (que es como ellos llaman a las metáforas) que la muerte de mi perra significa el renacimiento de los hombres. Me entristece el hecho de que mi perra esté muerta. Cuando lo hace, mis amigos se levantan de los libros y lloran durante 15 años, formando un río de lágrimas que corre en silencio por el bosque.

(De El sueño de Visnu, El Gaviero Ediciones)

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NATALIA LITVINOVA (Bielorrusia/Argentina, 1986)

LA CASA ESTÁ TAN VACÍA QUE SOY UNA TELA BLANCA

Shklovski le escribió a Roman Jakobson:
los pájaros se sostienen de una rama
hasta cuando duermen. Así deberíamos sostenernos.
Pronto comenzará el ritual de la despedida.
Partiré sin decirle una sola palabra a esta casa.
Intenta retenerme, habla por las noches.
No indago de dónde vienen los murmullos.
Prefiero limpiarla con esmero para no mirarla a los ojos.
Gateo con el trapo mojado,
la humedad me tranquiliza.
Después me acurruco. Sueño con la grúa
que viene a concretar la misión.
(De Todo ajeno,  Vaso Roto, 2013)

CEREMONIA

La infancia
te hará un palacio de invierno,
sembrará tus verduras,
será tu pájaro
recortado del periódico,
una castaña vista
desde la ventanilla del colectivo.
quemará la casa.
venderá tu fruto.
cortará el pájaro
adherido a la nieve.
(De Esteparia, Ediciones del Dock, 2010)

AULLAR COMO QUIEN

Me fue dado el don de adentrarme en lo lejano.
Mas no el de retornar.
No es el abedul.
Soy yo quien se estremece bajo su piel.
Volver en ruso no es lo mismo que en castellano.
Volver en los dos idiomas.
Doblemente imposible.
(De Grieta, Ediciones Gog y Magog)

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TYRONE MARIDUEÑA (Guayaquil, Ecuador, 1986)

Nacimiento

Escapar de los sordos abismos de la palabra es un movimiento que pertenece a los niños

Es crear algo más fuerte que la muerte o el amor
Es la transformación de la ciencia o de lo existente
en algo más elevado;

Todo será expulsado de nuestra piel y quedaremos sonrientes ante el último
nacimiento

seguro las personas que mueran después
podrán escribir con su mano izquierda

—sólo después de cortarse la lengua. Por respeto

su nombre en el sagrado libro de los locos
y entrar a nuestra guarida de lobos y vírgenes azules.

El secreto de las viudas

Cuando las viudas del norte regresen a las tumbas donde escondieron sus lágrimas
Voy a buscar en sus ojos las intenciones de su regreso
Aunque los espejos que llevan en su rostro muestren ante mí
Lo contrario a la muerte
Que no es la vida, sino la conciencia de ella.

En la inconsciencia

Las puertas del inconsciente
muestran las calles rojas donde duermen los inmortales
y a las plantas silvestres que guardan los ocasos
en su pecho
Porque nada es descubierto
todo es encontrado
La locura es el estado donde despiertan los dioses
y nos escupen
nos encarcelan
porque las paredes que construyeron para detener a los dragones del sol no soportan la verdad.
Los espejos no reflejan nada, asumen la realidad contraria de los seres humanos
Debemos regresar a la primera palabra
Ya nada detiene a los duendes
-se acercan-
y construirán sus reinos con la piel de aquellos, que nunca escaparon de los espejismos;
porque renacerán desde la tierra;
los días lluviosos
los gritos ocultos de las personas
las lágrimas que olvidaron su verdadera intención en la mejilla de los hipócritas.

Ahora las puertas están abiertas
todos están invitados
dejen sus cabezas al entrar
Escojan el color de sus palabras y nunca digan “mañana”
En este lugar, decir eso
es anunciar que vas a suicidarte.

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ANA HIDALGO (Granada, España, 1986)

Porque no sabíamos ser préstamo

Porque no sabíamos ser préstamo ni sabíamos durar, comerciábamos, de materia a materia, de alimento a alimento, sin préstamo, sólo aparentes, instrumentos, cedidos, sólo la única forma de ser buenos, solo la única forma de referirse físicamente a la bondad, porque no sabíamos ser préstamo ni sabíamos durar, en la premura de lo tomado y la piedad del vendedor, donde yo sostenía el objeto, donde yo lo consentía, lo alzaba, donde yo era la intrusa, el olvido, y sólo la propiedad y el precio, lo atenuado, la bondad. Comerciábamos con objetos, nos sentíamos próximos a la madera y comerciábamos con madera, también estábamos vinculados a los alimentos y comerciábamos con ellos, cedidos y materiales, aparentes, propicios, porque no sabíamos ser préstamo ni sabíamos durar, en la caducidad del alimento y el envés de la madera, sólo aceptábamos el comercio de objeto a objeto, de premura a premura, donde la bondad y lo hostil, donde lo insustituible, en la resolución de la mitad y el arrepentimiento de la mitad, sólo aceptaba que el comercio fuera un intercambio de materia, un intercambio de impureza, desigualdad, apariencia. Si hallábamos peces comerciábamos con peces, próximos a un pez, vinculados al alimento, sólo aparentes, cedidos, olvidados, sólo la única forma de ser buenos, la única forma de referirse físicamente a la bondad, en la brevedad del arrepentimiento y la compensación de lo inmediato, en el desconocimiento de una desigualdad inesperada, donde los peces iguales y muertos tuvieran la impureza de nuestros dedos en sus cuerpos, ya que no sabíamos ser préstamos ni duraderos, las manos alzadas de alimentos a alimento, de premura a premura, sólo caducos, efectuados, bondadosos, comerciábamos y anulábamos.

(De Hallar una hendidura,  Point de Lunettes, 2011)

Como contagio

Como contagio, como calma, la forma era forma hacia abajo, la forma era el peso de la forma, como alojamiento, como calma, como la capacidad de creer y de repente sentir dolor, la forma era la forma presionando la superficie sobre la que se extendía, la forma era la forma vertical y antepenúltima transmitiéndose en la superficie, la yuxtaposición del organismo, la calma, la enfermedad. A veces la ciencia médica y nuestros dos sexos, a veces lo sagrado, el olor, como observarte quieto y las sangres nivelándose, como participación, como calma, tu quietud y tu peso presionando la superficie sobre la que estabas quieto, tú siendo hacia abajo como alojamiento, como consecuencia, las sangres nivelándose, el inicio de la enfermedad, nuestra quietud, la forma. Porque no era sólo el ruego que cada dolor extendía, como la ciencia, como lo inmediato, como la postura que nuestros cuerpos adoptaban para estar sentados o nacidos, hacia abajo, la tensión vertical y antepenúltima de la quietud, lo que no podíamos comprender de la superficie, nuestros dos sexos, la súplica, los sedimentos, como calma, como contagio, como el rechazo al intento por no comprender.

(De Hallar una hendidura,  Point de Lunettes, 2011)

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TAMYM MAULÉN (Santiago de Chile, 1985)

Niño chileno con guitarra a palos

Allí
cuando te golpea tu padre y hace ¡ paf !
su cachetada, su ceja ciñéndose marcando las cinco
de la tarde, del día, de sus cloacas chilenas no africanas
o del pesebre más remoto de sus pantalones descosidos
Allí, en la escenilla más oscura del teatro universal
sin casi sin pudor alguno
salen a ocultarse raudos los ciempiés
que nada entienden de nada de nada
y por lo mismo es que la vieja Queltehue prefiere dormirse
sin saber hasta qué punto podrá volar su cara rota
después de insistir, in fraganti, qué más da:
la vieja Queltehue desconoce si es en mi
o en si o en re sostenido al menor
la entonación la de la cuerda la adecuada
o de la oruga endurecida y atiesada
que retiene entre ceja y ceja
a propósito de la ceja de tu padre, que es mejor
llamarlo desde ahora gusano de gusanos
o lepra de lepras, sin ofender a los leprosos, por supuesto.

Por si acaso, te cuento que si te golpea tu ya dicho ese
a propósito de la Queltehue que olvidó
eso que pasó a la hora del té
cerca de tu casa donde alguien te hizo ¡ paf !
te contaré que en el nido de la vieja que ahora es madre
tres polluelitos de alma pura, como la de los travestis
puros de verdad, puros como los ya antiguos cigarrotes de la isla
tropical, cubana, puros de alma o puros cuentos
puras leseras dirán
pero no dirán ni una palabra los citados polluelillos
que desconocen, que no saben, que son puros, ya te dije.
Ahora bien, si por casualidad intentas sumergirte
en el mar rojo de tu sangre zamarreada
o en el negro oscuro de tu cuarto negro
ahora carcomido por los espantadizos
acurrucados, carcomidos ciempiés carcomidos
yo no sabré qué decirte
niño chileno con guitarra a palos
pues tú eres un polluelo más de la Queltehue
tú eres uno más de los que canta
sin saber de todo.

Y sí
aunque ya no exista algún sentido para decir sí
o aunque se hallen desaparecidos todos los recuerdos
para vomitarles no, y a pesar del pesar
de todo eso que pasó como a eso de las cinco
casi al lado de tu casa donde alguien te hizo ¡ pum !
Sí, aunque todo, aunque casi ya no duela
ese alguien es tu padre, niño sombra niño África
y tú sigues amándolo y tú sigues diciéndole
y tú sigues limpiando sus zapatos
y tú sigues bebiendo de su lepra
y tú sigues cantándole tus cantos
a pesar de todo, a pesar que casi ya ni sangran sus patadas
y al ciempiés, aún así aún asá
nada le importan estas cosas
al igual que a la Queltehue vieja
que no ha dejado de mirar mis ojos
que no ha dejado de mirármelos como diciendo: ¡Vete!
o yo me volaré otra vez
y otra vez me chuparé al gusano para regurgitárselo
de nuevo, a vuestros hijos
mis polluelos.

A quién le importa escuchar estas cosas
cuando la tole tole de la vida
qué pasaría si te digo
cuando la tole tole de la vida
qué pasaría si te digo
que la tole tole de la vida ha succionado
algo más que un par de ciempiés de tu tierra seca:
¡Cuidado! La Queltehue está mirando
la Queltehue observa cuando el niño sangra y llora
cuando sangran y lloran sus sueños de niño
su cuerpo de polluelo
y aún así sigue cantando sus canciones, a pesar que nadie
de nadie de ninguno acude, in fraganti, qué más da:
su padre lo enferma su lepra lo golpea ¡ paf !
y la Queltehue llora a meses ¡ paf ! Y la Queltehue reza a picos
y todos chillamos y nos hacemos los buenos
a la mala a la mala nos hacemos los sensibles
y sin embargo, la Queltehue no hace nada
pues son casi la cinco y es hora del té
qué pasaría si te que pasaría si te
que pasaría si te digo esto:
el niño chileno está mutándose en un hombre
y los ciempiés se ocultan
y la Queltehue duerme siesta.

Por si acaso, durmiendo sí está
con sus tres chicuelos
pero, en todo caso, cuando pasan los siglos
y el olvido inunda nuestra memoria de ciempiés
más vale que te lo repita de nuevo mil veces
una y otra vez: la vieja Queltehue desconoce si es en mi
o en si o en re sostenido al mayor
la afinación correcta para el canto del polluelo
porque aunque sea más que puro
hay alguien que lo enferma
allí, en esa esquina triste de su casa
allí, cuando lo golpea su padre y hacen sal
sus bofetadas, sus gritos bañándose en su zamarreada sangre
en sus heridas, en el rincón más pobre
de sus sueños descosidos
allí, o sea, en este instante
hay alguien que se oculta y como todos
no hace nada
de nada de nada
como todos siempre
qué más da.

¡ Paf !
Silencio.
¡ Paf ! Resonó la cachetada del gusano golpeando a su hijo.
De pronto, de improviso, de golpe el golpe
pudo más que treinta Queltehues rezando.
In fraganti pillamos la lepra del hombre
su ceja marcando las cinco
de la tarde del té delató la escena
más obscura y frígida del teatro universal:
hay ahí y ahora un padre un hijo
y un destino que no más que lepra.
¡ Paf ! No hay respuesta.
¡ Paf ! Y no hay más que lepra.
¡ Pum ! Y los ciempiés nos hacemos los milpiés
para huir más rápido que ahora
y sí, allí, aunque no lo creas
el niño sigue amándolo
sigue aún chileno
sigue aún diciéndole
sigue tocando su guitarra
sigue cantándonos su canto:

“Para qué me escuchas
si después me guardas
si después me olvidas,
si después sigues tu vida
sin saber que ahora la escuchas
y después la guardas
y después la olvidas”. 

(De PAF)

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GERMÁN GALLO (Buenos Aires, Argentina, 1990)

lu yeta

le dicen yeta pobrecita ella
en otra vida habrá sido asesina o puta dicen de ella
que es lo mismo dicen y se ríen y la miran y la evitan cuando cerca porque yeta dicen de ella

nombre como que mucho que no tiene
por ahí un poco
cuando la vieja le dice lu salí de la cama dale o lu está la comida

pero no más

porque yeta dicen en el barrio y la vieja le anda con cuidado
que hasta el día que nació hubo una muerte y medio huérfana entonces lu yeta

aunque antes no sabían

entonces sus veinte y el miedo a hablar que tiene porque ella dice y después pasa

y la primera vez fue en un cine que dijo ma me gustan las medias rojas de la chica y rojas después cayeron las sangres sobre sus pies

o yeta pobre también dijo
eso dicen
juanchi mejor desconfiar
y juanchi como su padre esa noche al otro lado por confiar o por ahí por tener una hermana yeta que dice las cosas

y etcétera los ejemplos que se acumulan así tanto que yeta su lengua ya no se mueve

si no para escribir

que es poeta dicen la yeta y ojo con leerla.

provoca encima poeta yeta
que a su primer libro le puso “hacerse material” y ahí hay poemas como ese corto que dice “macho / ojo que no mucho más / macho vas a ser / ojo macho / que no hay machez / que por bien no muera”

o la oda el límite que en un lugar dice “y la vida que no va a ser / cuerpo bendito / célula oscura que te devora / conciencia de especie / morite orgulloso / que nos estás haciendo espacio”

sin nombre firma lu yeta el libro

pobre
andará con miedo de nombrarse
y de repente existir

Desencuentros (III: raza)

I

Un cuerpo
es una cosa
inasible y precaria y fantasmal
que se define y constituye como tal por ser
vulnerable.

II

Desfilan, salvados, pocos.

Suave,
un suave y blanco frío
atraviesa al resto:
están condenados a andar.

III

Hay un imposible:
esconderse.

En cada lugar al que llegan siempre estaba
antes
la mirada.

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VICTORIA MENDOZA (Ciudad de Panamá, Panamá, 1987)

1963
Episodio de Carmen con sus hijos en su nuevo hogar

Respiras y soy yo la que miente.
Soy yo la que no quiere salir de este hueco
porque es delicioso y despiadado.
Las bestias a nuestro alrededor nos atacan,
nos amurallan la casa en los alrededores.

Sueño con perros negros y hocicos partidos,
y hay sangre que no existe y perros que no existen,
y me gusta mi hogar aunque nadie diga que sea mío.

Existo y mis hijos están contentos entre jardines de papayas y buenas tardes.
El mayor nació ahorcado,
salió como una violeta negra a punto de morir.
Lo amaba, pero él no me pertenece, lo he enviado donde su padre en el país de los olvidados.
Odio cuando me habla de aquellos seres,
pero su olor a ahorcado todavía lo guardo en mi vientre que está podrido.

Lo amo más que a la otra, que es ingenua y es capaz de perderse persiguiendo
cualquier cosa que vuele, ya se lo he dicho y ella se silencia en su orgullo de 7 años.
No le importa, prefiere estar sola frente a nuestra puerta roja que se desgasta con sus
uñas. Nació de árboles cortados, ¿entienden?, ella nació vieja.

Tomo café para olvidar su pérdida, siempre en la taza amarilla, seis de la mañana.
Cuando ella va a la escuela con su anciano padre
yo me rompo en infinitas cosas innecesarias porque no soy necesaria y tú lo sabes.
Lo sabe también mi madre, el perro, las vecinas;
todos lo saben, y aún hay aguas inconfundibles como su pecho que ya no se abre para mí.

El niño ahorcado nunca me perteneció, va y viene cuando quiere, pero ya no lo quiero.
Los últimos días mira a su hermana como un fantasma y la asusta.
Le ha clavado un lápiz en el pecho para separarla entre animal y fantasma.
Él no llora, ella tampoco.
Me dicen que están bien.
Pero la niña tiene la punta del lápiz clavada en el pecho.
Y yo lloro, me asusto y todas las noches me acalambro,
pequeños tigres me sostienen los dedos con sus garras.

El hombre no ha vuelto, ya tiene hormigas caminándole en las piernas
y la mujer cada día tiene el pecho más abierto por la punta de un lápiz.

Este y otros poemas de autores panameños actuales pueden leerse aquí.

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ENRIQUE MORALES (Almería, España, 1991)

I

El Lugar. Migajas de hoguera. Fue fuego. Engarzados entre pequeñas ramitas de (…), brillantes, pueriles colmillos. Este es. El Lugar. Pueriles colmillos, bailad sobre el vientre de vuestra madre. [Esa mujer. Toda esqueleto. Que bebió saliva en los cráneos de sus padres. Chicha. Decían.] Esa mujer. Sonreía, se excusaba: Poca, poca bebidaRebosa a través de las cuencas de papá. Rebosa a través de las cuencas de mamá. Cae. Cae. No hay lenguas. No era práctica. Esa mujer. Surcos en su alma. Infectos por las picaduras de la hormiga. Las almas de sus padres. Picaduras en (a través de) sus hijos. Las nalgas duelen al tocar la tierra. No obstante. El AlmaIn-corrupta. Pero era bonito. Qué bonito. [Allá Arriba, ellos, lanzaban ramas, envueltos en llamas, lanzaban ramas que parecían huesos, que parecían brazos, que parecían piernas, lo parecían, pero no eran, apenas eran cuerpo.] Allá Arriba. Arrojaban sarpullido. Esa mujer sonreía: alma, que no es Almasu alma In-corrupta sonreía. Su alma, moribunda. Esa mujer rascaba. Y cuando llegaba a la carne lloraba, gritaba: Los ojos de mamá ven, los ojos de papá ven: su niña encontró Alma. Esa mujer, con el alma muerta, enterrada. Esa mujer, cuyas uñas llegan a la carne (rosácea, grasienta) y cree descubrir El Almaallí, en el abismo. Allá arriba. Cuanto moraron flota de acá para allá. No AlláAllá Arriba. Sino anidando en las montañas, castañeando en las tripas de cinco buitres. Un Niño mira a los pájaros. No sabe. Qué. Pájaros son. Canta: Las alas ríenLas alas ríen. Y no sabe la Canción de los huesos. Es niño. No sabe los huesos. Apenas el pájaro. Que es grande; y engulle cosas que cantan. Las alas ríen.

II

Pero los buitres son, aun sin canto, los buitres son. El niño es, aun con canto, el niño es. Los huesos de los abuelos son, el fuego, la saliva. EsEs el silbido silencioso, tibia luz inerme en los rostros de Aquellos. Que fueron. [No era perversa. La madre. La mujer. Esa mujer. No (lo) era. Tenía tierra en la cabeza (¿El cerebro?). Tenía un vestido blanco. Muy blanco. Tan blanco. El árbol se volvió percha. La mujer andaba. Esa mujer. Bailaba. Pedía Las Babas. La mujer. El vestido. Tan blanco. El árbol se volvió percha. La mujer pedía Las Babas. Desnuda, decía (lloraba): Este calor es una burbuja. Susurran a través de las branquias de un salmón y yo no entiendo nada. Aun con mi alma, no entiendo nada. Siempre lloraba. Tenía gran facilidad. Sabía llorar sustancias viscosas. Incrustadas en la piel. Bubones sollozantes. Lloraba. Pues. Tenía el talento. Hasta la muerte. O El Alma. Lo que venga primero. Sus hijos reían: Mamá se inunda -nueva Canción-, mamá es un barco. Mamá es el mar. Mamá es el cuerpo azul que flota en la red de un pesquero ruso. Mamá es una foca. Papá un arponero. Viva la vida en el mar. No eran perversos.]

III

Había una Esfera. No nos dejaba respirar. Nos embarazaba, agitaba los cráneos. Esfera incandescente. Los buitres cantaban: Hay una Esfera, os ahoga, os preña, agita calaveras. Era verdad, estábamos en un agujero, y por suerte, nunca podríamos salir de él. Por suerte, nunca podríamos matar a Nadie. Entonces Alguien dijo: Pobre de aquel que se vea privado de la experiencia de la muerte prematura. Y todos reímos, y bebimos eso que teníamos en las copas. [Pero nada de eso era verdad. Los buitres no tienen Canciones. Con esto. Un secreto: la Canción de los huesos no es una Canción. Apenas. Lo es.]

IV

Los huesos no son una Canción

V

En El Lugar. Fuego. Los colmillos de los hijos. Devorados. Jugaban a comer niños. Los niños no juegan a los juegos de los adultos. Devorados. Los colmillos de los hijos. En El Lugar.

VI

[Afortunadamente, nunca podremos salir de aquí. (Apenas el pájaro). Este cráneo no es una gran copa. La pócima se derrama a través de las cuencas].

VII

Nada de eso era verdad. No hay Yo. No hubo Yo. Apenas el silbido silencioso, tibia luz inerme en los rostros de Aquellos. Que fueron.

VIII

Los buitres acusan: Es rídiculo. La pócima se derramará a través de la mandíbula.

IX

No hay Canción.

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KAREN VILLEDA (Tlaxcala, México, 1985)

Me sorprende tener corazón para la demencia.

*

Es la canilla de la estirpe la que manda. A cuentagotas se derrumban mis reflejos de sangre en una escalera corporal. “No hay cuesta arriba.” Contrafuerte en el madero para bautizar los pozos arrojando este cuerpo sobre redondeles de carcoma. La trabazón de los dientes siembra sangre en la tierra agrietada de Babia, cesan los albores en el alfabeto del lodo.

No hay un reino para incendiar bajo las vendas de mis heridas.

Hubo, entonces, un anhelo volcado para repartir en la heredad codiciosa, sin frutos que recoger y el hambre oculta en las encías. “Es lo único que hay para la tripa.”

*

“Un resplandor.”
No hay que temerle. No hay que sobrevivir a la lujuria para desgraciar las carnes.

(De Babia, 2011)

Isla de Mauricio. Catorce brazos rivales llegan sanos y salvos. Juegan al albatros. Catorce brazos se agitan pausadamente, catorce sobacos que cortan dientes de león al ras. Mauricio eructa huesos. Mauricio abraza al hombre de manos toscas. Está rodeado por seis marineros, doce puños.

*

Seis marineros le pisan los diestros talones. “Era el único descalzo en el Güeldres”. Seis marineros que desean cercenarle los tobillos. Una navaja desafilada. Mauricio baila con El Almirante, manos toscas que se imponen sobre sus anchas caderas. Esteatopigia de arena. Manos toscas, luto, El Almirante jamás resbala.

*

Harina de trigo sarraceno, sal por puños. Tanta sal sin cuarenta y nueve sacos. Astillas de a montones, una pinaza orillada. Manos toscas tapándole la boca a Mauricio. No llueve, podemos quedarnos encallados en Mauricio. Rezamos con más fe ahora que nunca. El Almirante orina, dientes caen de bruces.

(De Dodo, 2013)

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WINGSTON GONZÁLEZ (Livingston, Guatemala, 1986)

Armas de salvación, xxv

retrato con madona, santos y granero encontrás
cámara en mano, abrazás la sal del universo
la reproducís, la reescribís, deconstruís
el sonido del agua cuando un cuerpo desespera
ñandús corren por tundra asombrosa
destrucción de pechos, presencias fijas, preguntas
cosas obvias, lugar exacto, sentido, palabra limpia
en brizna de paja, exaltada, una voz pregunta
porqué un ñandú correría por tundra si apenas
sé qué es tundra, si apenas, he imaginado ñandú, apenas
su imagen incompleta, su rasgo de plaga, ese
retrato que rompe este poema, la pequeña hermenéutica
de la plenitud difícil de los besos, de las fotografías
en la pared de tu cuarto, tus recuerdos
plenos de resonancias muertas, qué
qué significa ser pleno
si hay que romperlo todo, qué significa el verdor
tras puerta y nube de cigarrillos a dos centímetros del techo
dibujando un cuerpo, secando piel que suda
sombra del nosferatu, jóvenes británicos
pub fantasma del Yorkshire, arrabal maldito
posibilidad monstruosa, asomada
en el frontispicio de un cine que abandonamos
a fantasmas que nunca vieron estos pueblos, dentro
del vientre de una batalla contra imagen hundida
en sofás baratos, tv technicolor, de lado a la herencia
la miseria de pariente extranjero cuya calavera asoma
por el cierre de los pantalones mientras el agua golpea
tus recuerdos, dispersos, el tiempo atípico
el leve simulacro de traducción que suena en las palabras
que escribo para ti, animal intraducible
cuando en O brother where art thou brilla arrodillado
ese mismo muchacho, dentro de la canción
de tres sepultureros negros cavando lluvia muy lejos
lejos
del lugar en que le encontrás, redundante, innecesario
bar alegre y oscura piedad, insolación adolescente irritable
le tirás
lazo, llamada telefónica, pantalla plasma
a él que no es valiente, que no es bravo, que jamás
amasa coraje para emborracharse y perder
el control que queda de la vida; maceta al océano
o hipopótamo que habla de amor cara a un ataúd
ya no sé, la vida, ya no sé dónde alzar
el niño mugriento que a las dos de la tarde
despierta un domingo y piensa
en el fondo ofendido de esta ciudad, en esta marcha
que exhibe el espectro imantado
de mi cabello agua, cabello luz, cabello placidez municipal
factura incendiaria que baila como el mar

 

como una tabla de felicidad en un pueblo
            que no habla bien
            de la felicidad
________________________________________________________
DIANA GARZA ISLAS (Nuevo León, México, 1985)

tronos para un traje invisible (pequeño emperador a tres vistas)

°
láctea, flavescente
lo que en mí no dilucida en laja aviar.
remanso simultáneo al sol abismo, fósil
lava en mi celeste, lacustre calendario
así mi mano
así mi ánima:
(oro no es mi cuerpo si alhóndiga una sal me dibuja hormiga
en mi cuerpo que no tuve)
rüido. rüido
rüido en mi ni casa de luz ni veloz: aquí es aquí.
y abrir la llave no se abre cuando lo que duerme es mirar
y la cáscara no duerme y otra vez soy rey:

 

silencio. silencio. ya no más
silencio. era una niña y su cabeza
imaginaria.
estalactita no, todos dicen
estalactita no ─y está lactando.

 

y la carne no me duele, es una esfera
una canción esperándome al otro lado de la noche
donde nadie
en mi voz, en miel de armas, donde nadie.

 

(si lo dices dos veces te derramas
llamarada vitral en hueco undeante
te derramas) velándote en otra
camella obscura
donde convergir sí es oro, y plasma y feto
oh densidad huerta.

 

°
eran horcas dibujadas en almelos
acariciar mi nombre, autófagos si sucedían
de nueve a nueve, círculos de atomillar en
cornisas flamboyantes.
si su voz fuera un centímetro lejana, existiría.
si distancia fuera una palabra me darían ¿doce

 

faisanes?
¿o cada fuego arborecer bifurca?
(a horcajadas, grité
olanes celestes la silueta del verano)

 

o sol es hay
y somos
y mirar por la ventana es
cerrar el vuelo en algo azul
redondo, alrededor:

 

espigas acampa.
y tañe no amarillo
o subreír, Uffizzi

 

si es decirte que es metálico arde en ecos y sucede en manzanares
que la estatua del jardín me habló y me dijo nuestros nombres
y me dijo Alalaila y me dijo
también que soy un pájaro
donde ficus recortados sobreseían la sombra

 

─sí
nadie ahogárame de huesos en los leones
nata gris en la doble resolana

 

donde llueve, y yo.

notes 32

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